Juan Padrón: de la épica a la estampa cubana

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Juan Padrón: de la épica a la estampa cubana

Autor: Mayté Madruga Hernández

A Juan Padrón todas las personas suelen llamarle Juan “Elpidio” Padrón. Pero también se le pudiera llamar Pepito o Josemm, pues tan criollo y a la vez,vampírico protagonista permanece en la mente de los cubanos cuando recuerdan aquel filme titulado Vampiros en la Habana.

Con 70 años de vida, el creador de uno de los superhéroes cubanos de la segunda mitad del siglo XX, ha devenido en ícono del animado nacional.

Intercalando las historias de Elpidio Valdés, con cortometrajes de animación como ¡Viva papi!, Padrón crea una tradición en la animación cubana, donde lo lúdico del animado era efectivo pero pasaba a un segundo plano al analizar el guion, la trama y la construcción de sus personajes.

La utilización de diversas técnicas en el dibujo y la diferenciación en la animación de cada plano, hacen de un animado como Viva… una pieza de invaluable valor cultural al agregarle la interpretación del músico Bola de Nieve.

En ese sentido se destaca también una pieza como El enanito sucio, personaje ágilmente pícaro que en minutos asume transiciones verdaderamente geniales.

El uso dramatúrgico y no meramente transicional o ambiental, que hace el realizador de la música en cada uno de sus materiales es otro de sus signos distintivos.

En Elpidio, la banda sonora, liderada por el clásico toque a degüello mambí, dinamita la acción de este animado al más puro y clásico filme de acción sin abandonar la épica que ha caracterizado y ha distinguido al animado.

Ganador del Coral en la primera edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, por su largometraje Elpidio Valdés, después alcanzaría dos lauros más en esta cita, la cual es un ejemplo de los reconocimientos que posee el director, quien durante los primeros diez años de existencia de los estudios de animación del ICAIC le otorgó todos los premios internacionales en festivales del momento.

Su largometraje animadoVampiros en La Habana es una película inusual  por la forma con que su director y guionista inserta dentro de un período tan rico, pero a la vez tan convulso como la lucha contra Machado, una historia de vampiros, por excelencia europea. Concomita Padrón con la extensa tradición histórica en la cinematografía nacional.

El caricaturista, devenido en director, siempre ha tenido la habilidad de que sus guiones casi enteros o las graciosas frases que dicen sus personajes se hagan parte del hablar cotidiano de los espectadores.

Cada personaje representa una típica, pero no banal, estampa cubana. El humor, la agilidad mental, la picardía y demás características de los protagonistas simbolizan una gran parte de nuestra identidad, lo que lo acerca al espectador nacional pero también lo hace universal.

De su colaboración con Latinoamérica han quedado los Quinoscopios, donde Mafalda, esa sabía con disfraz de niña, fue animada e inmortalizada así en el séptimo arte.

Dentro del panorama cultural cubano Padrón ha aportado tanto al cine como a la cultura popular; ambos conceptos, a veces en disyuntivas, encuentran en la obra de este realizador un feliz diálogo que conforma el imaginarium de la nacionalidad cubana.

 

 

 


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