No hay una historieta cubana

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No hay una historieta cubana

Autor: Arturo Delgado Pruna
Fuente: Cubadebate

Sigue faltando una publicación periódica de historietas que muestre el talento de los dibujantes, es preciso contar con guiones sólidos, se necesita diversificar los temas y, quizás, crear una nueva editorial especializada en el género. Mientras eso no ocurra, no se puede asegurar con firmeza que hay una historieta cubana. El multipremiado dibujante Osvaldo Pestana Montpeller (Montos), quien ha representado a Cuba en convenciones internacionales de cómics, opina sobre el noveno arte nacional.

Su firma viene marcando un antes y un después en la historieta cubana. Su estilo es una fusión de lo mejor de la vieja escuela nacional con la estética del cómic estadounidense. Aunque en 2010 publicó Auroria, la gran alianza, su primer libro, pudo ser más conocido luego de ganar premios convocados por El Caimán Barbudo, el programa televisivo Cuadro a cuadro y los Estudios Ojalá de conjunto con la Oficina de Silvio Rodríguez. El dibujante espirituano Osvaldo Pestana Montpeller (Montos), quien ha representado a Cuba en convenciones de cómics en Estados Unidos y Argelia, ofrece sus consideraciones sobre nuestra historieta.

¿Por qué no se publican historietas para adultos en Cuba?

La historieta en Cuba se tiene como un producto para niños, en parte debido al estigma de que es un arte menor. Los títulos que han quedado en el imaginario popular han sido siempre para ese público: Elpidio Valdés, Cecilín y Coti, Matojo… Para los adultos recuerdo solamente la revista Pablo, que estuvo circulando a finales de los años 80. Mi generación no publica hoy historietas para adultos porque las editoriales apenas las están concibiendo para niños y jóvenes.

Desaparecieron publicaciones especializadas como Pablo, Cómicos y la Revista Latinoamericana de Estudios sobre la Historieta. ¿Cuánto daño ha provocado esto al noveno arte?

Soy hijo de esas revistas, sin ellas nunca me hubiera dedicado en serio a la historieta. Cómicos fue mi escuela, fui formado con cada una de sus páginas. Con la Revista Latinoamericana… pasó otro tanto, pues suplía una gran necesidad: la parte teórica. Sin ellas nos arriesgamos, al menos, a no formar nuevos valores y también nos vamos quedando sin un respaldo teórico. Si no contamos con un producto hecho por y para nosotros, no podremos contrarrestar el producto que se nos ofrezca. Eso implicará importación de valores.

En Cuba hay fanatismo por el manga y por el cómic estadounidense. ¿Podrá hacerles frente nuestra historieta?

¿Qué historieta? Estás hablando de un fósil. No hay una historieta cubana. La historieta ha sido generalmente un producto cultural del Primer Mundo. Se necesitan recursos para su producción y publicación. La industria del cómic norteamericano tiene muchos años de existencia exitosa; se trata de una producción organizada, con muchísimos títulos publicados cada año. Es un río cuyo caudal se desborda hacia los mercados europeo y asiático, que no han sido engullidos totalmente porque en esos países existe una historieta autóctona y la avalancha ha sido resistida. ¿Cómo vamos a enfrentar eso nosotros aquí? Creando personajes icónicos, productos culturalmente relevantes que conecten con esta generación. Esa batalla la ganó Elpidio Valdés. Pero creo que cuando Padrón ya no esté, Elpidio perderá su capacidad de reproducirse. Sin embargo, eso no significa necesariamente que desaparezca porque Elpidio Valdés es parte del imaginario popular, sus historias son de dominio público. El peligro está, sin embargo, en que Elpidio representa mucho para esta generación, pero no hay garantías de que representará lo mismo para la próxima.

¿Entonces serán absorbidos nuestros dibujantes por la industria del cómic foráneo?

Muchos recursos están a nuestra disposición, pero no la libertad de lo que se publique. Si tú quieres publicar al seguro, llegas a las editoriales con una gesta heroica. No hay mucho rango de riesgo. Quizá con la internet eso se pueda revertir un poco, pues hay artistas que hacen webcomics y se sostienen económicamente porque ellos mismos gestionan la promoción, distribución y comercialización de sus productos.

Pero en editoriales provinciales como Reina del Mar y Ediciones Luminaria has publicado sin que te impongan temas. ¿Hay diferencias entre ellas y las casas editoras nacionales?

Desde provincia han sido mucho más flexibles. Incluso la Editorial Oriente lo ha sido, aun cuando siempre se ha caracterizado por las tiradas nacionales. Me baso en alguna que otra petición para dibujar una biografía o alguna historia de mambises o rebeldes; historietas que, aunque no las realicé, al final vieron la luz. Si se pudieran fundar editoriales particulares y estas tuvieran acceso a los sistemas de comercialización y distribución estatales, no solo la historieta ganaría sino que se democratizarían los temas.

Llevas mucho tiempo dibujando la novela gráfica Paquelé. ¿Les interesará a los jóvenes una historia sobre la esclavitud en Cuba?

Paquelé es una obra publicada por el narrador espirituano Julio M. Llanes, que relata la vida de un adolescente esclavo en Sancti Spíritus. Tiene valores universales como la libertad física e intelectual, la amistad, la familia, la dignidad del sujeto y el amor a la vida humana. Eso me hizo pensar en una adaptación a la historieta. Creo que el drama humano es interesante para cualquiera con emociones, sueños. De eso se trata, de conectar con lo humano dentro del lector.

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