Pamuá

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Tenía, según cuentan, el sastre por compañera una francesita…..la mujer más hermosa que ojos cienfuegueros vieran, alta, airosa, de elegante vestir, de ondulante y dorada cabellera, ojos de puro azul de cielo, labios de coral que guardaban cautivas, hermosas perlas, cuello de anabe, brazos de diosa, manos de sílfide, senos…. No prosigo por no caer en la exageración de los que me la describieron. Solo añadiré que para colmo de perfecciones, tenia la tal madama voz tan dulce y bien timbrada, que ya la quisieran los ruiseñores para cantar sus amorosas endechas.

Era tal prodigio de encantos y belleza en cuanto a gracia y simpatía digna de ser trigueña y cienfueguera. Como la francesita se daba cuenta cabal de su valer le gustaba ser admirada, se pasaba gran parte del día en la ventana y en ella recibía los saludos, frases de halagos y visitas y entre estas las de Pamua o Lagrimita con sus eternos pedidos de Pamua.

Era este como ya se ha dicho, confidente, protegido y correveidile del Fundador, que aunque Gobernador, cristiano y Gran Señor tenia fama de haber sido en sus mocedades amigo de rondar rejas y ventanas y de casar en soto ajeno. Con tal tesoro por mujer, con las visitas de Pomua y la fama del Fundador en asuntos de faldas, cualquiera, puesto en lugar del sastre hubiera tomado las precauciones. Así lo hizo Monsieur y despidió a cajas destempladas y tambor batiente, amonestando amorosamente a su Madama; pero ni el uno ni la otra se enmendaron ni aun se dieron por aludidos.

El francés entonces cambio la táctica y con halagos consiguió atraerse a Pamua, si es que era necesario halagarlo para tenerle siempre como mosca importuna. El majadero visitante obtenía del sastre hoy una hebilla, mañana un botón, así sucesivamente hasta que le pidió una casaca. Este se la ofreció muy cumplida y simulo tomarle medidas prometiéndole que el domingo a mas tardar y antes de misa se la probaría.

Llegado el domingo y al pasar los feligreses por frente a la puerta del sastre, que dicho sea de paso ostentaba en la puerta una gran muestra que decía: “Sastre francés de S. M el Rey y el Emperador”, notaron que la tienda permanecía cerrada y que en su interior se oían súplicas, sollozos y ayes lastimeros, y por ellos reconocieron que quien suplicaba y que por ellos reconocieron que quien suplicaba y lloraba quejumbrosamente era Pamua.

Todos, el que mas o el que menos pensaba:
-  Hoy le toca al sastre sufrir las importunas peticiones de Pamua.
Y algun que otro en voz alta, para que fuera oída, decía:
-  No cedas, Maestro, No te ablandes Musiu.

Se supo después que el sastre había medido y probado en el cuerpo de Pamua unos cujes de guayabo cortados en el inmediato sitio de San Alejandro, amenazándole que si volvía a verle por los contornes de su casa, las auras celebrarían suntuoso banquete en las playas de Juan Marsillan. De los escarmentados nacen los avisados y Pamua tomo las de Villego, sin que hasta el presente e hayan tenido noticias de su paradero.

Unos aseguran que Pamua, como alma que se lleva el Diablo, aquella misma tarde del domingo y sin decir adiós a su protector ni despedirse de nadie tomo camino de Trinidad, donde murió; y otros que consiguió camino de Santiago de Cuba, en cuya ciudad termino sus azorosos días en una Casa de Misericordia. Y dicen que dicen que Don Luis de Docluet jamás se consoló de la perdida de su fiel Pamua.

(Tomado del Libro: "Tradiciones y leyendas de Cienfuegos", de Adrián del Valle, 1919.)

 

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